lunes, 29 de septiembre de 2008

Spaceboy

Me encantan las nubes, siempre me dió la sensación de que lo que realmente veía era el cielo partiéndose en mil pedazos. Sobre todo esas nubes grises que no sabes lo que van hacer, ¿dejarán pasar la luz del sol o derramaran las lágrimas del cielo por el dolor de verse roto? Siempre están cerca pero nunca lo suficiente como para dejarse tocar, en cierta forma nos rehuyen, parece que teman mezclarse con nosotros. Parecen el anclaje que necesita el cielo para no separarse de la tierra, para no enviarnos al oscuro espacio que nos rodea.
Os voy a contar otra cosa; para el que no lo sepa me encanta pasear, cuando abro la ventana y veo el sol me alegra pensar en que hoy puedo salir a la calle y ponerme a andar sin preocuparme de nada que no sean mis problemas. Es una gran sensación escuchar una buena canción mientras dejo detrás de mi la sombra que me entrega el sol. ¿Pero sabéis? Cuando camino en un estupendo día como ese sólo echo de menos una cosa, las nubes, para que me recuerden que vivimos en lugar muy especial que, como el cielo con sus nubes, está lleno de formas fantásticamente diferentes.

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