lunes, 22 de septiembre de 2008
Despertar
Abro los ojos y no veo más allá de la distancia que separa mi rostro de la punta de mis dedos. Intento levantarme del lugar en el cual me encuentro, pero no veo la forma de hacerlo. Siento como si algo o alguien me tuviese atado, amordazado, anclado... Vuelvo a abrir los ojos o eso creo yo, puesto que tanta oscuridad que me rodea no me permite saber con seguridad si realmente es la oscuridad la que no me deja ver o son mis ojos los que se niegan a cumplir esa sencilla función de dar forma a todo lo que me rodea. Empiezo a notar como mi cuerpo experimenta poco a poco un cambio en su forma de actuar, sudor, temblor... la angustia comienza a tomar las riendas de mi cerebro y pensar se convierte en un tesoro inalcanzable, un tesoro que en este instante veo tan lejos de mi que convierte la angustia en autentico terror. Las lágrimas empiezan a fluir y empapan con su agrio sabor la comisura de mis labios, me estremezco al creerme sin futuro en este presente incierto, desagradable y entonces grito, grito, grito... Despierta me dicen, despierta dice una voz a mi lado, abro los ojos y sólo percibo la paz por otro sueño olvidado.
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